Aquí, iré recopilando cuentos e historias curiosas para el/la que le pique la curiosidad y sea de mente inquieta como yo. PONEOS CÓMODOS Y DISFRUTAD!
lunes, 12 de agosto de 2019
Me estreno en la aventura de Youtube!
https://youtu.be/GH_dPQfkW9A
Hola a todos. He decidido darle un giro a mi vida y ahora me he abierto un canal de Youtube. Os dejo el link de mi primer vídeo para que podáis verlo. Podéis comentarme que os parece.
MUCHAS GRACIAS A TODOS.
lunes, 3 de abril de 2017
Celebración de la voz humana 2
Tenían las manos atadas, o esposadas, y sin embargo los dedos danzaban, volaban, dibujaban palabras.
Los presos estaban encapuchados; pero inclinándose alcanzaban a ver algo, alguito, por abajo. Aunque hablar estaba prohibido, ellos conversaban con las manos.
Pinio Ungerfeld me enseñó el alfabeto de los dedos, que en prisión aprendió sin profesor:
-Algunos teníanos mala letra - me dijo-. Otros eran unos artistas de la caligrafía.
La dictadura uruguaya quería que cada uno fuera nada más que uno, que cada uno fuera nadie: en cárceles y cuarteles, y en todo el país, la comunicación era delito.
Algunos presos pasaron más de diez años enterrados en solitarios calabozos del tamaño de un ataúd, sin escuchar más voces que el estrépito de las rejas o los pasos de las botas por los corredores. Fernández Huidobro y Mauricio Rosencof, condenados a esa soledad, se salvaron porque pudieron hablarse, con golpecitos, a través de la pared. Así se contaban sueños y recuerdos, amores y desamores; discutían, se abrazaban, se peleaban; compartían certezas y bellezas y también compartían dudas y culpas y preguntas de esas que no tienen respuesta.
Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada.
Eduardo Galeano - El libro de los abrazos
sábado, 26 de noviembre de 2016
Cuento "Las Reliquias de la Muerte"
Era la muerte, y se sentía contrariada porque normalmente los viajeros se ahogaban en el río. Pero era muy astuta, y fingiendo felicitar a los tres hermanos por sus poderes mágicos les dijo que cada uno tenía opción a un premio por haberla eludido. El mayor que era un hombre muy combativo, pidió la varita mágica más poderosa que existiera, una varita capaz de hacerle ganar todos los duelos y la muerte le regaló una proveniente de un sauco cercano. El hermano mediano que era muy arrogante, quiso humillar aun mas a la muerte y pidió el poder de devolver la vida a los muertos. La muerte cogió una piedra de la orilla del río y se la entregó. Por último, la muerte preguntó al menor que deseaba. Este humilde y el más sensato de los tres, pues no se fiaba de la muerte, le pidió algo que le permitiera marcharse de aquel lugar sin que la muerte pudiera seguirlo. Y la muerte, de mala gana le entregó su propia capa invisible. Entonces la muerte se apartó y dejó que los tres hermanos siguieran su camino.
El hermano mayor viajó hasta una lejana aldea, donde varita de sauco en mano, mató a un mago con quien antaño mantuvo una disputa. Borracho por el poder que esa barita le había concedido, llegó a una posada donde se jactó de ser invencible. Pero esa noche, mientras dormía, otro mago le robó la varita y por si acaso le cortó el cuello. Y así fue como la muerte se lo llevó. Entre tanto el mediano viajó hasta su hogar donde vivía solo. cogió la piedra y la hizo girar tres veces en su mano. Para su gozo, vio aparecer ante él la figura de la muchacha con la que se habría casado de no ser por su prematura muerte. Pero la muchacha estaba triste y distante, pues no pertenecía al mundo de los mortales. El hombre enloquecido por su nostalgia se suicidó para reunirse de una vez por todas con su amada. En cuanto al menor, la muerte la buscó por muchos años pero nunca logró encontrarlo. Solo cuando este logró alcanzar una edad muy avanzada, se quitó la capa de invisibilidad y se la regaló a su hijo. Recibió a la muerte como a una vieja amiga y como iguales ambos se alejaron de la vida...
El cuento "Las Reliquias de la Muerte" se incluye en "Los cuentos de Beedle el Bardo".
sábado, 19 de noviembre de 2016
La Historia de Hachikō
10 de Noviembre de 1.923. 93 años hace ya desde que Hachikō, el protagonista de esta emotiva historia, naciese en la provincia de Akita, al norte de Japón.
Hachikō era un perro de raza Akita, macho y de un color blanco intenso.
Dos meses después, el Dr. Eisaburo Ueno, profesor del departamento de Agricultura de la Universidad de Tokio, adoptó a Hachikō como mascota. Realmente el perro estaba destinado a la hija del profesor pero esta abandonó pronto el hogar familiar. El profesor se había encariñado mucho con él, por lo que finalmente se lo quedó.
Hachikō no podía acompañar al profesor Ueno hasta la Universidad. Así, que se despedían todos los días desde la puerta principal de la casa y Hachi (como lo llamaba cariñosamente el profesor) se iba a esperar, al terminar el día, a la estación de Shibuya a que regresara el profesor de trabajar.
A todas las personas que frecuentaban la estación (duenos de comercios, viajeros...) le sorprendía el vínculo tan fuerte que había entre el profesor y su perro; y las personas que transitaban por Shibuya siempre comentaban este hecho.
Esa espera continuó día a día sin interrupciones hasta el 21 de mayo de 1.925. Ese día el profesor Ueno sufrió una hemorragia cerebral mientras impartía clase y nunca regresó.
Pero Hachikō se quedó en su sitio de todos los días esperándolo...
Fueron pasando los días, luego los meses y finalmente años pero Hachi seguía acudiendo fielmente a la misma hora a esperar al profesor. Le daba igual el frió, la lluvia, el calor o la nieve. La lealtad a su amigo humano nunca pereció.
Hachikō se convirtió en un héroe para todos los japoneses y cuidaron de él y se encargaron de alimentarlo los 9 años que estuvo esperando el regreso de su querido profesor. Los habitantes de Shibuya contrataron a un famoso escultor, Teru (Shou) Ando, para que realizara una estatua en honor a su amigo Hachikō. El escultor estuvo encantado de realizar el trabajo y realizó una bonita estatua de bronce que fue colocada enfrente de la estación, donde solía esperar Hachikō.
Casi un año más tarde, el 8 de marzo de 1.935 Hachikō falleció al pie de su propia estatua, debido a su edad. Sus restos fueron despositados en una caseta de piedra que fue construida para ello al pie de la tumba del profesor Ueno, en el cementerio de Aoyama, Tokio.
Cada año, el 8 de Marzo, se recuerda a Hachikō en la plaza frente a la estación de trenes de Shibuya.
Hachikō era un perro de raza Akita, macho y de un color blanco intenso.
Dos meses después, el Dr. Eisaburo Ueno, profesor del departamento de Agricultura de la Universidad de Tokio, adoptó a Hachikō como mascota. Realmente el perro estaba destinado a la hija del profesor pero esta abandonó pronto el hogar familiar. El profesor se había encariñado mucho con él, por lo que finalmente se lo quedó.
Hachikō no podía acompañar al profesor Ueno hasta la Universidad. Así, que se despedían todos los días desde la puerta principal de la casa y Hachi (como lo llamaba cariñosamente el profesor) se iba a esperar, al terminar el día, a la estación de Shibuya a que regresara el profesor de trabajar.
A todas las personas que frecuentaban la estación (duenos de comercios, viajeros...) le sorprendía el vínculo tan fuerte que había entre el profesor y su perro; y las personas que transitaban por Shibuya siempre comentaban este hecho.
Esa espera continuó día a día sin interrupciones hasta el 21 de mayo de 1.925. Ese día el profesor Ueno sufrió una hemorragia cerebral mientras impartía clase y nunca regresó.
Pero Hachikō se quedó en su sitio de todos los días esperándolo...
Fueron pasando los días, luego los meses y finalmente años pero Hachi seguía acudiendo fielmente a la misma hora a esperar al profesor. Le daba igual el frió, la lluvia, el calor o la nieve. La lealtad a su amigo humano nunca pereció.
Hachikō se convirtió en un héroe para todos los japoneses y cuidaron de él y se encargaron de alimentarlo los 9 años que estuvo esperando el regreso de su querido profesor. Los habitantes de Shibuya contrataron a un famoso escultor, Teru (Shou) Ando, para que realizara una estatua en honor a su amigo Hachikō. El escultor estuvo encantado de realizar el trabajo y realizó una bonita estatua de bronce que fue colocada enfrente de la estación, donde solía esperar Hachikō.
Casi un año más tarde, el 8 de marzo de 1.935 Hachikō falleció al pie de su propia estatua, debido a su edad. Sus restos fueron despositados en una caseta de piedra que fue construida para ello al pie de la tumba del profesor Ueno, en el cementerio de Aoyama, Tokio.
Cada año, el 8 de Marzo, se recuerda a Hachikō en la plaza frente a la estación de trenes de Shibuya.
Basada en la Historia verídica de Hachicō. Notebook Teresa
sábado, 12 de noviembre de 2016
La Luna Roja
Había una vez un pequeño planeta muy triste y gris. Sus
habitantes no lo habían cuidado, y aunque tenían todos los inventos y naves
espaciales del mundo, habían tirado tantas basuras y suciedad
en el campo, que lo contaminaron todo, y ya no quedaban ni plantas ni animales.
Un día, caminando por su planeta, un niño encontró una pequeña flor en una
cueva. Estaba muy enferma, a punto de
morir, así que con mucho cuidado la recogió con su tierra y empezó a buscar un
lugar donde pudiera cuidarla.
Buscó y buscó por todo el planeta, pero estaba tan
contaminado que no podría sobrevivir en ningún lugar. Entonces miró al cielo y vio la luna, y pensó que aquel
sería un buen lugar para cuidar la planta. Así que el niño se puso su traje de
astronauta, subió a una nave espacial, y huyó con la planta
hasta la luna.
Lejos de tanta suciedad, la flor creció con los cuidados
del niño, que la visitaba todos los días. Y tanto y tan bien la cuidó, que poco después germinaron más flores,
y esas flores dieron lugar a otras, y en poco tiempo la luna entera estaba
cubierta de flores.
Por eso de cuando en cuando, cuando las flores del niño se
abren, durante algunos minutos la luna se tiñe de un rojo suave,
y así nos
recuerda que si no cuidamos
la Tierra, llegará un día en que sólo haya flores en la luna.
Notebook Teresa.
Fuente:http://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/la-luna-roja
Notebook Teresa.
Fuente:http://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/la-luna-roja
sábado, 5 de noviembre de 2016
El Árbol del Otoño
Hace mucho tiempo en una aldea lejana vivía un indio muy
especial. Era un trotamundos: recorría todos los países y, cuando regresaba a
casa, los demás indios lo recibían con alegría. Se llamaba Correcaminos.
Siempre traía consigo un saco lleno de historias que iba
recogiendo por todo el mundo. Nada más llegar se sentaban todos alrededor de la
hoguera y escuchaban sus relatos.
Un buen día les dijo que había una tierra que tenía un
clima tan suave que podía decirse que siempre era primavera. Y, en ocasiones, los árboles vestían colores dorados y
rojizos; se llamaba El Otoño.
Los otros indios no le creyeron porque nunca habían visto
árboles de aquel color, no conocían el otoño. Solo tenían invierno, primavera y
verano. Debería traer un árbol de otoño. Y de esta forma Correcaminos recorrió
el mundo preguntando a la gente donde podía encontrar el otoño. Pero nadie le
sabía contestar.
Pasaron muchos años, tantos que Correcaminos ya tenía el
pelo blanco. Y caminando llegó a un lugar misterioso… En una cueva encontró a
un gigante que se presentó como el Señor
del Frio. Éste le dijo: “Si de verdad
quieres encontrar el otoño te va a costar la vida, ¿serás valiente?”
Correcaminos contestó que sí.
Siguió el camino que le indicó el Señor del Frío y se
encontró cerca de su aldea, al lado de una roca donde nacía la fuente del otoño
y probó su agua. Entonces notó que sus pies se hundían en la tierra como si
tuviera raíces y que sus brazos y manos se estiraban llenándose de hojas rojas
y doradas.
Una suave brisa perfumada llegó hasta el poblado, los
indios al seguirla se quedaron fascinados por el árbol y comprendieron que
Correcaminos por fin le había traído el otoño...
Basado en el Cuento Indio " El Árbol del Otoño". Notebook Teresa.
sábado, 29 de octubre de 2016
La Leyenda de Bobby
John Gray,
un jardinero que llegó a Edimburgo junto a su mujer e hijo en busca de mejores días, y que debido a los duros inviernos el suelo estaba tan erosionado que era imposible trabajarlo. Así que, decidió unirse al cuerpo de policía en calidad de vigilante
nocturno. Una
de las condiciones que se le imponían, era que para sus rondas nocturnas debía
estar siempre acompañado por un perro guardián.
Se le asignó un Skye Terrier, al que bautizó con el nombre de “Bobby”. Este perro se convertiría en su fiel compañero en las largas caminatas nocturnas por las frías calles de Edimburgo.
Se le asignó un Skye Terrier, al que bautizó con el nombre de “Bobby”. Este perro se convertiría en su fiel compañero en las largas caminatas nocturnas por las frías calles de Edimburgo.
John y su
perro se convirtieron en amigos inseparables hasta que ocho años después John
Gray murió de tuberculosis el 15 de Febrero de 1858, siendo enterrado en el cementerio
Greyfriars.
Su perro
Bobby se mantuvo junto a la tumba de su amo durante 14 años hasta su muerte; hiciera frío, lloviera o nevara.
Los perros
no estaban permitidos en el cementerio de Edimburgo por lo que Bobby era
expulsado una y otra vez por el vigilante del cementerio pero todos sus
esfuerzos fueron en vano ya que éste siempre regresaba junto a la tumba de John
Gray así que el vigilante se dio por vencido y terminó construyéndole un
refugio junto a su compañero (por esta razón es conocido como Greyfriars Bobby).
Mientras, los
habitantes de la ciudad se encariñaban con él y le llevaban alimentos para que
pudiera vivir bien. Esto hizo, que todos los perros callejeros se reunieran en
los cementerios atraído por los alimentos ya que se transformó en una costumbre
de los habitantes, llevarle alimentos a los perros que se concentraban allí.
Debido al
alarmante aumento de perros callejeros y a que se temía que esto tuviera como consecuencia
diversas enfermedades; se aprobó una ley en Edimburgo que requería que todos
los perros de la ciudad estuviesen registrados y autorizados previo el pago de
un impuesto. Esta ley especificaba que los perros no registrados o sin dueño,
serían eliminados.
Después de
la muerta de John, Bobby no tenía dueño oficial y por lo tanto carecía de
registro; pero era tan querido en su ciudad que el mismísimo Alcalde de
Edimburgo, Sir William Chambers, decidió pagar indefinidamente su licencia, colocándole
un nuevo collar y un plato de bronce con la inscripción: “Greyfriars Bobby del Alcalde,
1867, autorizado”.
En 1872
Bobby falleció y descansó en paz junto a la tumba de su querido amigo. Un año
después, una aristócrata de la ciudad hizo esculpir una fuente con su estatua
situada al sur del Puente George IV, para recordar su vida y la devoción a su
amo.
Bobby se
convirtió en un héroe para los ciudadanos de Edimburgo y forma parte del
patrimonio histórico de esta ciudad. Su plato de bronce y su collar se
encuentran en el Museo de Edimburgo, (conocido como “Huntly House”) para todo
aquel que lo quiera visitar.
Los restos
de Bobby están enterrados a escasos metros de los de su amo, en la lápida se
puede leer:
“Greyfriars Bobby – died 14th January 1872 – aged 16 years – Let his
loyalty and devotion be a lesson to us all”
(Greyfriars Bobby – Murió el 14 de Enero de 1872 – a los 16 años – Que su lealtad y devoción sean un ejemplo para todos nosotros).
(Greyfriars Bobby – Murió el 14 de Enero de 1872 – a los 16 años – Que su lealtad y devoción sean un ejemplo para todos nosotros).
Actualmente
centenares de personas le siguen llevando comida, palos y juguetes a su tumba
cada día, siendo el punto más visitado de todo Edimburgo.
Basado en La Leyenda de Bobby. Notebook Teresa.
- http://www.sentadofrentealmundo.com/2010/11/bobby-el-perro-fiel-de-edimburgo.html
Basado en La Leyenda de Bobby. Notebook Teresa.
- http://www.sentadofrentealmundo.com/2010/11/bobby-el-perro-fiel-de-edimburgo.html
sábado, 22 de octubre de 2016
¡QUÉ LÍO CÓSMICO!

Estelarius es un gran astrónomo, ya de pequeño se pasaba horas y
horas estudiando todos y cada uno de los astros que forman el universo. También
es un gran inventor, su último invento es ¡un
patinete estelar! está convencido de que este aparato revolucionará
los viajes cósmicos.
Aquella mañana, mientras se encontraba en su observatorio astronómico, vio como caían pequeñas gotas de lluvia y como el día era muy luminoso estaba seguro de que enseguida aparecería un precioso arcoiris.
Miró por la ventana y quedó completamente petrificado ¡y es que en el cielo, sí que había un arcoiris, pero tenía todos los colores completamente desordenados!
Sorprendido, buscó la causa de aquel extraño desorden y entonces se dio cuenta de que donde debía estar el sol, había un montón de estrellas jugando con las pequeñas gotas de lluvia; pero las sorpresas no habían hecho más que empezar...
Al otro lado del cielo dos grandes planetas, Urano y Neptuno, jugaban a esconderse bajo las nubes. Estelarius se echó las manos a la cabeza y exclamó: - ¡El cielo se ha vuelto loco!
Al poco rato tuvo ante su casa, un gran número de personas haciéndole mil y una preguntas.
- “Estelarius, ¿Qué pasa?” (preguntaban unos)
- “¿Dónde está el sol?” (preguntaban otros).
En busca de una respuesta, consultó cada uno de sus libros pero en ellos no encontró ninguna explicación a lo que estaba sucediendo.
Entonces miró por su gran telescopio y lo que vio lo dejó mucho más preocupado. Toda la galaxia estaba totalmente patas arriba.
Donde tenía que estar Mercurio, estaba Saturno con sus maravillosos anillos; A su lado, Marte. Donde tenía que estar La Tierra, estaba La Luna y donde La Luna, estaba El Sol.
A lo lejos Júpiter, La Tierra y Venus, charlaban sin parar.
La Osa Mayor y La Osa Menor, se pasaban a Mercurio como si fuera
una pelota. Mientras al otro lado del Universo, dos cometas gigantes jugaban a
girar sobre sí mismos intentando cogerse la cola como si fueran un par de
cachorrillos. ¡Qué lío cósmico!
Al no hallar ningún tipo de explicación, decidió ir él mismo a investigar la causa de todo aquel desorden. Se subió a su patinete estelar y en un abrir y cerrar de ojos, llegó al espacio exterior.
Allí solo un astro se encontraba en su sitio; La Estrella Polar, así que
Estelarius fue hacia ella y le preguntó:
- "Hola Polar, ¿sabrías explicarme que está
sucediendo?"
Estrella, muy amablemente le respondió: -
"¡Hoy es fiesta!"
- “¡Fiesta!”, exclamó Estelarious con gran sorpresa.
- “Si, cada cierto tiempo el Universo entero se coge un día de
fiesta”; contestó la estrella.
Estelarius, que nunca había oído hablar de aquel
extraño fenómeno, preguntó a la Polar: - "¿ Y tú no haces
fiesta?"
(Estrella) – “No, ¿cómo voy a hacer fiesta?, yo soy la encargada
de pasar lista. Cuando el día termina, uno por uno los voy nombrando
y compruebo que todos vuelven a ocupar su lugar”.
Habiendo sacado en claro aquel asunto, Estelarius se despidió de
la Polar y emprendió el camino de regreso a casa.
Al llegar, todo el mundo quería saber que había sucedido. Y
nuestro amigo, explicó con detalle, el extraño y sorprendente fenómeno.
Mientras tanto, en el cielo, La Estrella Polar tal y como dijo
pasaba lista para comprobar que todo el mundo volvía a ocupar su lugar…
- “¿Sol?” - “¡Presente!”
- “¿Luna?” - “¡Aquí!”
- “¿Mercurio?” - “¡Si!”
- “¿Venus?” - “¡Estoy aquí!”
- “¿Tierra?” - “¡Yo!”
- “¿Marte?” - “¡Aquí, Aquí!”
- “¿Júpiter?” - “¡Presente!”
- “¿Saturno?” - “¡Presente!”
- “¿Urano?” -“¡Si!”
- “¿Neptuno?” -“¡Si!”
- “¿Plutón? ¿Plutón? ¿Dónde
está Plutón? -“¡Estoy Aquí!
- “¿Osa Mayor?” -“¡Si!”
- “¿Osa Menor?” -“¡Presente!”
…De nuevo, la Galaxia volvía a estar perfectamente ordenada.
Al día siguiente Estelarius, volvió a ver como caían pequeñas
gotas de lluvia y entonces recordó el precioso arcoíris. ¿Qué sería de él? la última
vez que lo vio estaba hecho un desastre.
Miró por la ventana y con gran satisfacción pudo comprobar que
el bonito arco lucia ahora sí, todos sus colores perfectamente ordenados.
1º Rojo
2º Naranja
3º Amarillo
4º Verde
5º Azul
6º Añil
7º Morado.
http://www.rtve.es/infantil/serie/signacuentos/video/lio-cosmico/3622249/
Transcripción por: Notebook Teresa
viernes, 14 de octubre de 2016
LOS MÚSICOS DE BREMEN
En su camino se tropezó con un perro cazador que jadeaba agotado.
- ¿Todo bien amigo?
- Sí, sí tranquilo. Intentaba escaparme de mi amo, que quiere matarme porque soy viejo y ya no le sirvo para ir de caza.
- ¿Por qué no te vienes conmigo? Voy camino de Bremen, donde pienso ganarme la vida como músico. Juntos podríamos formar un dúo… tu podrías tocar la guitarra. ¿Qué te parece?
El asno convenció al perro y continuaron su camino juntos. Al poco, se encontraron con un gato con mala cara.
- ¿Qué te ocurre? - preguntó el asno
- Me estoy haciendo viejo y, como prefiero acurrucarme junto a la chimenea en lugar de cazar ratones, mi ama ha querido ahogarme. De milagro logré escapar, pero ¿y ahora qué será de mí? ¿adónde voy a ir?
- ¿Y por qué no te unes a nosotros? Vamos a Bremen, a formar una banda de música y si entiendes un poco de música podrás hacerte músico como nosotros... tu podrías tocar el saxofón.
El gato aceptó y se unió a ellos.
Los tres fugitivos pasaron por una granja en la que un gallo gritaba con todas sus fuerzas.
- ¿Por qué gritas gallo? - dijo el asno
- Porque mi ama va a echarme a la cazuela esta noche. Por eso grito mientras estoy vivo.
- Anda, no malgastes tu tiempo y vente con nosotros. Vamos a Bremen y tienes buena voz así que eres perfecto para nuestra banda de música.
Continuaron caminando los cuatro animales todo lo que pudieron. Pero como no podían llegar a Bremen en un día, al caer el sol se detuvieron en un bosque y decidieron pasar allí la noche. El asno y el perro se echaron bajo un árbol, y el gato y el gallo se subieron a las ramas. Antes de dormirse, el gallo, miró a los cuatro vientos, cuando vió la luz de una casa no muy lejos, y decidieron acercarse.
Vieron a un grupo de ladrones a punto de darse un gran festín de comida y con el hambre que tenían decidieron que tenían que hacer algo para echar de la casa a los ladrones.
El asno se colocó junto a la ventana, el perro se subió encima del asno, el gato encima del perro y el gallo encima de la cabeza del gato. Así, unos encima de otros, empezaron a rebuznar, ladrar, maullar y cacarear con todas sus fuerzas.
Rompieron la ventana y armaron tal estruendo que los ladrones huyeron creyendo que se trataba de algún fantasma.
Los animales cenaron hasta que ya no pudieron más y se echaron a dormir. El asno eligió el estiércol, el perro se fue detrás de la puerta, el gato prefirió las cenizas del hogar y el gallo se puso encima de una viga.
A media noche uno de los ladrones, viendo a lo lejos que la casa parecía en calma se armó de valor y decidió volver.
Pero cuando llegó la casa estaba a oscuras, confundió los ojos del gato con las brasas del hogar, acercó una cerilla y el gato le arañó la cara, fue hacia la puerta y le mordió el perro en la pierna, salió corriendo fuera de la casa, pisó el estercolero y el asno le dio una coz y justo en ese momento el gallo empezó a cantar desde la viga ¡¡Kirikíi!!
El ladrón corrió todo lo rápido que pudieron sus pies y cuando llegó le contó a sus compañeros:
- ¡En la casa hay una bruja que me ha arañado la cara, detrás de la puerta un hombre con un cuchillo que me lo ha clavado en la pierna, y fuera un monstruo que me ha golpeado con un terrible mazo!! Y encima del tejado un juez que gritaba ¡Traedme el ladrón aquí!
Desde entonces, los ladrones no se atrevieron a volver nunca más a la casa.
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